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Construcción de granjas porcinas: ¿Llave en mano o ponerse el casco?

Elegir bien no es solo una cuestión de costos, sino de visión estratégica y gestión del riesgo.

Tomar la decisión de construir o modernizar una granja porcina es una de las más relevantes dentro del negocio. De ella dependerán la eficiencia productiva, la bioseguridad estructural y, hoy de forma ineludible, la gestión de los impactos ambientales y sociales. Al final del proceso, la obra será recibida y operada por el productor, quien asume la responsabilidad total frente a la autoridad y la comunidad. Analizar las alternativas disponibles implica hacerlo desde esa carga de responsabilidad.

El modelo llave en mano: se delega la ejecución, no la responsabilidad

Este modelo propone delegar la ejecución del proyecto, pero ello no debe interpretarse como delegar el criterio técnico ni la responsabilidad final. El productor define los requerimientos y una empresa especializada se encarga del diseño, en algunos casos de los permisos, de la obra y de la entrega final. La promesa es “tranquilidad”, normalmente asociada a un costo premium, que solo se justifica si va acompañada de una validación técnica rigurosa.

Ventajas y necesidad de auditoría técnica

Las empresas especializadas ofrecen diseños que buscan optimizar el proceso constructivo, los materiales y la futura operación, con el objetivo de mejorar los indicadores productivos y sanitarios. Sin embargo, no debe perderse de vista que también responden a su propia lógica de rentabilidad.

Por ello, la responsabilidad frente a fallos constructivos y el cumplimiento de la normativa ambiental deben quedar claramente establecidos en el contrato. De lo contrario, el riesgo legal recae íntegramente sobre el productor, aun cuando haya confiado la ejecución a un tercero.

Para que el modelo llave en mano funcione correctamente, el contrato debería establecer que la selección de equipos críticos, como comederos, sistemas de calefacción, controladores de ventilación y bebederos, sea propuesta por el contratista, pero que la decisión final corresponda al productor o a su asesor técnico. Asimismo, los cálculos de dimensionamiento en ventilación, alimentación y manejo ambiental deben ser revisados y validados por el mandante. La transparencia en los costos unitarios, los totales por partida y, cuando sea posible, los gastos generales e imprevistos, son clave para evitar sobrecostos encubiertos.

El productor conoce qué comedero ha fallado en el pasado, qué sistema de calefacción se adapta mejor a su clima o qué marca de ventiladores ha demostrado mayor durabilidad. Pagar por tranquilidad no implica renunciar al control de los elementos que impactan directamente en el bienestar animal y en la productividad diaria. En este enfoque, el proyecto deja de ser un “paquete cerrado” para transformarse en una alianza técnica especializada.

Autogestión del proceso constructivo: control total, mayor desgaste

“Ponerse el casco” implica asumir el rol de director de orquesta. El productor controla cada compra, cada subcontratación y cada equipo esencial. El potencial de ahorro puede ser significativo, pero también lo son la carga de trabajo y los riesgos asociados.

Ventajas críticas y poder de la personalización

La autogestión permite decidir dónde invertir más y dónde ajustar. Es posible priorizar, por ejemplo, un mejor aislamiento térmico o un sistema de manejo de purines más robusto, de acuerdo con la experiencia propia y las condiciones locales. Del mismo modo, si existe preferencia por una línea específica de comederos o por un controlador ambiental ya probado, la decisión es directa y sin intermediarios.

Este enfoque permite una adaptación precisa a los flujos de trabajo, a las características de la granja, a la ubicación geográfica y a la capacidad técnica del personal. No obstante, el ahorro potencial viene acompañado de una mayor exposición al riesgo. El principal peligro no es solo el sobrecosto, sino que la operación futura dependa de la correcta integración entre múltiples proveedores. Errores como pendientes inadecuadas, drenajes deficientes o una mala integración entre los sistemas eléctricos y de ventilación pueden comprometer seriamente la sanidad y el desempeño productivo.

Elegir es gestionar el equilibrio entre riesgo, conocimiento y conveniencia económica

La mejor opción depende de la capacidad del productor para gestionar proyectos, de su disponibilidad de tiempo y de su estructura técnica. La responsabilidad final de la granja será siempre del dueño de la operación. Ya sea que se delegue la ejecución o se gestione directamente, la clave está en la fiscalización permanente y en mantener el control sobre la tecnología esencial que condicionará el funcionamiento diario.

En cualquier escenario, el productor será el responsable legal y sanitario de los errores de ejecución, cuyas consecuencias pueden acompañar a la operación durante muchos años. Elegir bien no es solo una cuestión de costos, sino de visión estratégica y gestión del riesgo.

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